El cacao santandereano: una medalla histórica

La reciente medalla de plata obtenida por el cacao santandereano en el concurso internacional Cacao of Excellence es la confirmación de décadas de trabajo silencioso en fincas familiares, de procesos rigurosos de fermentación y secado, y de una relación cuidadosa entre agricultor y territorio. Por ello, este es también un reconocimiento a una forma de habitar la tierra coherente con la región que queremos para el futuro.

El territorio que moldea el sabor

Gran parte del cacao santandereano proviene de municipios como San Vicente de Chucurí, reconocido históricamente como la capital cacaotera del país, así como de El Carmen de Chucurí, Rionegro y Landázuri. Son zonas húmedas, de suelos fértiles y topografía quebrada, donde el cacao crece bajo sombra, protegido por árboles más altos que regulan el microclima.

Esa condición agroforestal no es un detalle técnico: es parte de su identidad. El cacao fino prospera mejor en sistemas mixtos que conservan biodiversidad y protegen el suelo. Allí radica parte de su perfil sensorial: notas frutales, matices florales, ligeros toques a nuez y una acidez equilibrada que distingue al cacao fino de aroma frente a producciones masivas.

Así, la medalla de plata ganada por el productor Juan Carlos Rincón Santamaría en el concurso Cacao of Excellence muestra que cuando se trabaja con paciencia y criterio, el origen se vuelve valor.

Un mercado global en transformación

El último año ha sido particularmente intenso para el mercado internacional del cacao. En 2024, los precios alcanzaron máximos históricos en los mercados de futuros — impulsados por problemas de producción en África Occidental — superando niveles que no se habían visto en décadas. Posteriormente, el mercado entró en fase de corrección y estabilización.

Mientras el cacao commodity compite por volumen, el cacao de origen compite por identidad. Los mercados internacionales están dispuestos a pagar primas significativas por trazabilidad, calidad sensorial y sostenibilidad. Colombia, y particularmente Santander, se han posicionado en ese segmento.

En 2024, la producción nacional alcanzó niveles históricos y las exportaciones de cacao y derivados mostraron un crecimiento notable. Esto no solo significa más ingresos en términos absolutos; significa que el mercado está reconociendo el valor agregado del origen colombiano.

Más allá de la volatilidad, hay una tendencia estructural que favorece a regiones como Santander: el crecimiento sostenido de la demanda por cacao fino y diferenciado. Para el productor santandereano, esto abre una ventana estratégica: menos dependencia del precio base internacional y más capacidad de capturar valor a través de calidad, transformación local y venta directa a nichos especializados.

El cacao y sus virtudes para la salud

La macrotendencia de consumo que está detrás del impulso a la demanda por cacao es el énfasis en la salud. El chocolate, como quintaesencia de la industria de los productos azucarados, se viene enfrentando con un sustituto en auge, que es el cacao puro, sin exceso de azúcar ni procesos industriales agresivos. La preferencia por lo orgánico y lo local da, a su vez, un contrapeso competitivo importante al poder de mercado y publicidad de los chocolates industriales en forma de snacks o bebidas.

Dicho eso, las bondades del cacao para la salud son incontables: es uno de los alimentos con mayor concentración de flavonoides, compuestos antioxidantes asociados con la salud cardiovascular. Contiene teobromina, un estimulante suave que favorece la concentración sin generar picos abruptos. Aporta magnesio, hierro y compuestos que estimulan la liberación de serotonina.

En otras palabras: es un alimento que nutre cuerpo y ánimo.

No es casual que las culturas originarias de América lo consideraran un fruto especial. Antes de convertirse en chocolate industrial, el cacao fue bebida ceremonial y símbolo de intercambio.

El auge actual del chocolate de origen está devolviendo protagonismo al grano, al proceso y al agricultor.

Agricultura sostenible y turismo consciente: una alianza posible

El cacao es uno de los cultivos con mayor potencial para un modelo agrícola sostenible en Santander:

  • Se integra naturalmente en sistemas agroforestales.

  • Reduce la presión por deforestación frente a otros cultivos.

  • Permite economías familiares con mayor estabilidad.

  • Genera valor agregado cuando se transforma localmente.

Pero el encadenamiento — retomando el concepto de Hirschmann — clave que permite pensar en un desarrollo sostenible social y económicamente a escala se halla en el turismo. Y aquí es donde la conversación se vuelve, para nosotros, más interesante.

El visitante que recorre Santander no busca únicamente paisajes. Busca historias. Y el cacao ofrece una narrativa poderosa: finca, fermentación, secado, tostado, barra final.

Rutas del cacao, experiencias en finca, talleres de cata, chocolaterías artesanales en Bucaramanga… todo ello puede convertirse en una cadena virtuosa donde el turista paga no solo por un producto, sino por comprender su origen y respetarlo.

Este modelo no solo incrementa ingresos rurales y permite un “riego” hacia los alojamientos turísticos. También fortalece identidad regional, construye reputación internacional., y diversifica la economía más allá del commodity.

Casa 59 y la lógica del origen

Desde Casa 59 hemos impulsado un modelo de hospedaje que concibe que el sentido de viajar, cuando más se lo valora, radica en entender el lugar que se pisa.

Celebrar el reconocimiento internacional del cacao santandereano, por eso, es coherente con nuestro concepto: promover experiencias que conecten al visitante con la identidad productiva y cultural de la región.

Muchos huéspedes llegan por negocios o turismo. Algunos descubren aquí el café de especialidad. Otros se sorprenden con la gastronomía y las costumbres asociadas, que se remontan tan atrás como a nuestra historia rural y colonial. El cacao se suma a esa conversación como símbolo de una región que apuesta por calidad, sostenibilidad y colaboración. Si el turismo respalda al agro sostenible, y el agro ofrece productos con historia y excelencia, el círculo se completa.

La medalla es apenas el inicio. El verdadero premio será construir, entre productores, empresarios y visitantes, una narrativa regional donde el origen tenga valor y el desarrollo sea compartido.

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